Soy hincha de Independiente. Como tal he tenido la suerte de ver a mi Club en lo más alto del fútbol mundial, pero lamentablemente la sucesión de malas gestiones han hecho que nuestro histórico pasado de grandes glorias se vea manchado, tanto en lo futbolístico como en lo institucional. Afortunadamente, en diciembre y de la mano de nuestro Presidente, el SEÑOR (con todas las letras) Javier Cantero, se empezó a buscar el cambio como debe ser: de adentro hacia afuera. Se están limpiando las «cagadas» que se mandó la gestión anterior, sacando a la luz las movidas que llevaron al vaciamiento del Club. Pero, además de estas cuestiones que sólo nos atañen a los hinchas de Independiente, se empezó una lucha mucho mayor. Un cambio en el fútbol argentino.
Cantero, quien únicamente cuenta con el apoyo de hinchas y socios del Rojo, rompió lanzas y embistió contra la Barra. Basta de plata para banderas, basta de entradas, basta de aprietes. No es sencillo. Estos delincuentes no son fáciles de erradicar y ya respondieron en el único idioma que conocen: la violencia. Y Cantero tiene miedo. Tiene miedo porque quienes deben ampararlo miran para otro lado, porque siguen negociando con los mercenarios, porque es más sencillo así.
Julio Grondona es el mayor culpable de que el poderío de las Barras, de todos los Clubs, haya llegado a este nivel, en que ya toman decisiones institucionales y se creen dueños de todo. Pero no es el único, detrás de él está el Poder Político que usa a estos delicuentes como moneda de cambio para aplaudir en sus actos políticos, para callar las voces de quienes no opinan igual, para liberar zonas, para conseguir beneficios... Y puedo seguir. Ellos son tan culpables, como estos tipos. Por eso queremos un cambio.
Hoy somos nosotros (sí, paradójicamente «somos nosotros») quienes estamos poniendo un freno a las Barras. Solos ni se puede ni tiene sentido, por eso se necesita juntar fuerzas para que de una vez por todas, a la cancha vuelvan las familias.

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